Argentina
Carlos Gardel
Adios Muchachos


Adiós muchachos, compañeros de mi
vida,
barra querida de aquellos tiempos.
Me toca a mi hoy emprender la retirada
debo alejarme de mi buena
muchachada.

Adiós, muchachos, ya me voy y me
resigno,
contra el destino nadie la calla.
Se terminaron para mí todas las farras.
Mi cuerpo enfermo no resiste más.

Acuden a mi mente recuerdos de otros
tiempos,
de los buenos momentos que antaño
disfruté,
cerquita de mi madre, santa viejita,
y de mi noviecita, que tanto idolatré.

Se acuerdan que era hermosa, más
linda que una diosa,
y que brioso de amor, le di mi corazón.
Mas el Señor, celoso de sus encantos,
hundiéndome en el llanto se la llevó.

Es Dios el juez supremo, no hay quien
se le resista,
Ya estoy acostumbrado, su ley a
respetar,
pues mi vida deshizo con sus mandatos
llevándome a mi madre y a mi novia
también.

Dos lágrimas sinceras derramo en mi
partida
por la barra querida que nunca me
olvidó,
y al dar a mis amigos mi adiós postrero
les doy con toda mi alma, mi bendición.

Adiós muchachos, compañeros de mi
vida,
barra querida de aquellos tiempos.
Me toca a mi hoy emprender la retirada
debo alejarme de mi buena
muchachada.

Adiós, muchachos, ya me voy y me
resigno,
contra el destino nadie la calla.
Se terminaron para mí todas las farras.
Mi cuerpo enfermo no resiste más.
Fumando Espero



Fumar es un placer, genial, sensual…
Fumando espero a la que tanto quiero
tras los cristales de alegres ventanales
y mientras fumo mi vida no consumo,
porque flotando el humo me suelo
adormecer.

Tendido en mi sofa, fumar y amar
verán mi amada feliz y enamorada
sentir sus labios o besar con besos
sabios
y el devaneo sentir con más deseos
cuando sus ojos veo sedientos de
pasión.

Por eso estando mi bien
es mi fumar un eden,
dame el humo de tu boca
dame que en mí, pasión provoca,
corre que quiero enloquecer de placer,
sintiendo ese calor del humo
embraigador
que acaba por prender
la llama ardiente del amor. (BIS)
Mi Buenos Aires Querido


Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver,
no habrá más penas ni olvido.

El farolito de la calle en que nací
fue el centinela de mis promesas de amor,
bajo su inquieta lucecita yo la vi
a mi pebeta luminosa como un sol.

Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
oigo la queja de un bandoneón,
dentro del pecho pide rienda el corazón.

Mi Buenos Aires, tierra florida
donde mi vida terminaré.

Bajo tu amparo no hay desengaño
vuelan los años, se olvida el dolor.

En caravana los recuerdos pasan
como una estela dulce de emoción,
quiero que sepas que al evocarte
se van las penas del corazón.

Las ventanitas de mis calles de Arrabal,
donde sonríe una muchachita en flor;
quiero de nuevo yo volver a contemplar
aquellos ojos que acarician al mirar.

En la cortada más maleva una canción,
dice su ruego de coraje y de pasión;
una promesa y un suspirar
borró una lágrima de pena aquel cantar.

Mi Buenos Aires querido....
cuando yo te vuelva a ver...
no habrá más penas ni olvido...